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Yo vi el futuro y quiero llegar primero

Yo vi el futuro y quiero llegar primero

Estaba sentado en medio de una plaza en Villarrica, a pocos metros de un parque infantil. Había varios niños jugando y yo me divertía mirándolos. De repente sucedió algo increíble.

Una niña de tres años aproximadamente se acerca a la madre, casi en frente de mí. Toma el smartphone, dibuja el patrón de desbloqueo, accede, y pronuncia unas palabras “mágicas”.

Acto seguido, se siente y disfruta de su video favorito en YouTube. Estaba mirando justo lo que ella quería y lo hizo sin pedir ayuda a nadie, considerando que a su edad aun no lee ni escribe.

Yo no entendí las palabras que pronunció. Sin embargo, Google sí la entendió y automáticamente la conectó a lo que ella quería. En ese mismo instante.

En ese momento vi el futuro. Lo vi justo delante de mí, demasiado cerca.

La tecnología configura nuestras vidas

Ese es el mundo que tenemos en frente. Miles y millones de personas acostumbradas a satisfacer sus necesidades a través de Internet. Esa es la tónica de los consumidores del presente y del futuro. El emprendedor que no posiciona su marca en Internet muy pronto quedará fuera de juego.

Probablemente Google, y otras tecnologías con inteligencia artificial, ya hoy en día son capaces de establecer una mejor comunicación con los niños que su propia madre. Ni hablemos de los jóvenes adolescente para arriba.

Hasta ahora, la familia cercana y en especial la madre, ha sido fundamental para configurar la cosmovisión, el carácter, la escala de valores y las creencias fundamentales de una persona. Hoy, la tecnología cumple ese rol.

Una prueba de esto es observar un hecho cada vez más común: una criatura menor a los 10 años argumentando su postura en contra de la madre. Y en muchas ocasiones, el argumento de la criatura suele ser mucho más convincente. ¿Por qué? Porque para ellos lo que ven en la televisión o en YouTube es real, ellos refrendan sus posturas en una realidad virtual. En cambio, la madre suele decir una cosa no lo demuestra con un hecho real; entonces carece de valor para ellos.

Es así como la tecnología y no los padres forman el carácter de las personas. El mercado de consumo se educa y se forma de la misma manera. Por eso, el marketing, tal como lo conocemos, tiene que reinventarse.

De hecho, se está reinventando. Ya no trata de contar al mundo lo bueno que uno tiene o hace. Todo el mundo hace eso. En el ruido de gente ofreciendo cosas, hay que hacer algo más, algo sustancialmente diferente.

Qué nos toca a ti y a mi

La tecnología hilvana la historia. La evolución de las sociedades humanas gira entorno a la evolución tecnológica. Desde la era de piedra hasta la era de la inteligencia artificial, los que dominan la última tecnología, domina el mundo.

La última frase es muy real para nosotros. En la era de la globalización, los más evolucionados literalmente dominan el mundo. ¿Y qué sucede con los que no evolucionan? Van desapareciendo del mapa, más rápidamente que en ningún otra era de la historia.

No tenemos otra opción. La historia nos lanza un reto. Estamos viendo el futuro y yo quiero estar en él. Y quiero estar en la mejor posición.

Quizás es tarde para liderar el cambio en el mundo. Pero estamos a tiempo para ser líder en nuestro entorno, evolucionar juntos y estar entre los mejores posicionados.

Tecnología & Negocio

El emprendedor tiene en su ser algo especial. Ama la libertad. Amor y libertad son palabras muy comunes, pero encierran grandes misterios. Por eso, amar la libertad convierte al emprendedor en un ser extraordinario, alguien fuera del común.

Por eso, tecnología y negocios mueven el mundo. Con esas dos alas quiero avanzar. Espero tu compañía en esa travesía. Hacia un estilo de vida de libertad, prosperidad y trascendencia.

¿Qué es la prosperidad?

¿Qué es la prosperidad?

“El objetivo de la naturaleza es el avance y desarrollo de la vida”; por tanto, “el derecho del hombre a la vida significa su derecho de tener el libre e irrestricto uso de todas las cosas que pueden ser necesarias para su completo desarrollo mental, físico y espiritual”.

En el mundo en que vivimos, estas expresiones de W. D. Wattles equivalen a lo que llamamos “ser rico”, y veremos que la prosperidad (la riqueza) es mucho más que acumular dinero.

En todas las constituciones de las sociedades civilizadas se consagra el derecho a la vida entre los valores más prevalentes de la dignidad humana. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no viven, apenas sobreviven. Sobrevivir es estar vivo, existiendo, pero sin avanzar ni desarrollar las potencialidades inherentes a lo que cada uno es; respirar en la monotonía de hacer cada día lo mismo, sin porqué ni para qué.
Existe en nosotros un deseo innato a desarrollar nuestras potencialidades y brindar al mundo la riqueza que somos. La prosperidad es inherente a lo que somos. Nuestro corazón sucumbe ante el gozo de dar, y toda la sabiduría milenaria acumulada en el alma humana nos indica que cuando más damos, más feliz y realizados somos, y al dar más obtenemos más.
La prosperidad no solo forma parte de nuestra naturaleza humana. En realidad todo el universo es prospero y abundante. Toda la naturaleza está llena de riqueza y abundancia. Y hay miles de personas que viven abundantemente; signo de eso vemos en el progreso de la sociedad, donde vemos hombre creando constantemente igual que la naturaleza. El universo, la vida, la humanidad, progresan y avanzan en cada momento para proveer a todos cuanto les sea necesario para su máximo desarrollo y felicidad.
Entonces ¿Todos podemos ser ricos?

“La prosperidad individual es estar en armonía con la prosperidad del universo” (Lair Ribeiro).

Cuando desarrollamos en nosotros la mentalidad de abundancia, es decir, pensamos y actuamos conforme a las leyes universales, podemos todos gozar de la abundancia ilimitada que nos rodea y ser ricos. La prosperidad es mucho más que ser rico, porque implica gozar de todas las cosas buenas que nos permite desarrollar y expresar lo que somos, incluyendo la salud, las personas, el medio ambiente, las oportunidades, etc. Todo lo que necesitamos existe en el universo o lo podemos crear.

Ser verdaderamente próspero está muy lejos de aquellos que solo acumulan dinero y hacen del dinero su fin principal. Cuando perseguimos el dinero, perdemos la atención a la abundancia natural que nos rodea. Cuando hay prosperidad en nosotros, el dinero nunca falta y no necesitamos perseguirlo para tenerlo en abundancia.

Y yo, ¿cómo puedo prosperar? Si al universo, la naturaleza, la humanidad, es inherente la prosperidad, ¿qué pasa conmigo?

La respuesta es sencilla y puedes empezar a prosperar ahora mismo. Solo necesitas estar en armonía con el avance y desarrollo que reina en el universo, tomar conciencia de la riqueza que eres y brindar al mundo lo mejor de ti.
¿Cómo se logra eso?

Entendiendo, comprendiendo, tomando conciencia y cambiando.

Si yo te pregunto ¿Eres próspero? ¿Te sientes próspero? ¿Actúas como un ser de prosperidad y abundancia? Es decir, ¿Eres una persona que avanza y progresa constantemente, desarrollando sus potencialidades, brindando sus dones al servicio de los demás, con gozo de realizar sus sueños y soñar cosas cada vez más grande, porque al realizar sus sueños inspira a otros y ayuda a mejorar el mundo?

Tu vida se llenará de abundancia y felicidad a medida que vayas respondiendo afirmativamente a esas preguntas. Porque la riqueza no depende de lo que hacemos, menos de lo que hacen los demás, sino de lo que somos, de cómo pensamos, de cómo nos sentimos y de qué manera actuamos cuando hacemos lo que hacemos.
El primer campo en que progresar es dentro de uno mismo, porque “el mundo interior crea el mundo exterior”. Si tu mente está llena de quejas, críticas, rencores, envidias, porque te enfocas en la escasez, en los problemas, en la pobreza, tu mundo interior se llenará de miseria, igual que tus circunstancias.
Pero si decides poner tu atención en el avance, en lo que puedes mejorar hoy, en el libro que te puede ayudar para mejorar tu actitud, en la información que te puede hacer mejor persona, mejor profesional, tu mundo interior empezará a llenarse de progreso y de gozo, estarás en condiciones de brindar mejores cosas al mundo y el mundo te retribuirá en oportunidades de progreso.
El dinero es mera consecuencia del estado de tu consciencia. Si bien tenemos el poder de modificar al instante el enfoque de nuestra mente, pensar positivo, generar emociones positivas y prosperar, en la realidad suele ser un poco complejo y requiere esfuerzo.
La razón. Es porque la mente opera en el cerebro, una realidad física, que funciona bajo principios físicos. El cerebro necesita entrenamiento. Crear nuevas redes neuronales para poder alojar una nueva manera de pensar, “instalar” una nueva mentalidad (manera habitual de pensar). Es como empezar un régimen de ejercicios físicos para lograr un objetivo competitivo.
yo soy la llave de la abundancia

Nuestra mente está condicionada por patrones de pensamientos instalados de antaño. En esa programación mental se incluyen archivos de pobreza y miserias que manejan nuestra existencia en forma automática sin que seamos conscientes de ello. Pero de la misma manera que dichos archivos llegaron allí y dominan nuestros sentimientos habituales y por consiguiente nuestra manera de obrar, podemos reconfigurar dichos patrones e  “instalar” nuevos programas, que funcionen acorde a las leyes universales de la prosperidad.

Te dejo un ejercicio.
Trata de escribir un inventario de tus pensamientos más habituales. Se consciente de lo que piensas cada día, minuto a minuto, y de los sentimientos que provocan en ti dichos pensamientos. Analiza con qué energía entras a accionar y realizar tus tareas cotidianas en presencia de esos pensamientos y sentimientos en tu interior y verás la contaminación de tus actos potencialmente exitosos. No existe un momento de éxito, sino la suma de pequeños momentos exitosos que producen un resultado evidente.
Sé que la tarea anterior producirá en ti un desanimo inmediato. Por eso te dejo otra más alentadora. La tarea para esta primera semana. Escribe un inventario, pero de las bendiciones que hay en tu vida, las cosas buenas, los bienes materiales e inmateriales. Siente gratitud y gozo por lo que tienes y la riqueza que te rodea. Empieza a sentir la abundancia que te rodea y empezarás a conectar con la prosperidad.
Solo hay dos movimientos posibles. Evolucionar (prosperar) o involucionar. Cada detalle que logras mejorar en tu vida, por más insignificante que parezca, te prospera.
Sea tu elección prosperar minuto a minuto.
Espero que hayas leído la entrada anterior. Y ponte listo, porque en la próxima entrada te daré unos principios prácticos del manejo del dinero. Porque tienes dos opciones: tú manejas el dinero, o el dinero te maneja a ti.
Milciades Villalba Santos

Milciades Villalba Santos

Autor

Empresario de Networt Marketing, bloguero, orador, coach y educador de emprendedores.

Este blog es resultado de dos cosas: El sueño de ser un escritor, y la tranformación que supone en mi vida convertirme en empresario del Siglo XXI.

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Un nuevo comienzo

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Volver al ser
“El éxito radica en lo que somos, no en lo que hacemos”, porque “el dinero solo puede crecer hasta donde crezcas tú”, fueron dos frases que iniciaron en mí un rotundo cambio, que lentamente está transformando mi vida y mi mundo.
 
Me di cuenta por qué no estaba logrando los resultados deseados, descubrí que las razones de mis fracasos no estaban allá afuera, en las circunstancias, sino dentro de mí mismo, en lo que “Soy” como persona.

Siempre me había sentido víctima de un mundo desigual e injusto; que premiaba grandemente a aquellos que tuvieron la “suerte” de nacer rodeados de oportunidades y recursos, con aptitudes especiales, buen porte y otras cualidades físicas y psíquicas fabulosas; y por otro lado, personas que nacieron con “la mala suerte” de tener que enfrentar las circunstancias desde una posición desventajosa.
 
No sé qué era peor, esa actitud pesimista y cuasi fatalista con que veía mi vida, o la visión de un mundo cruel, donde cada quien tuviera que “luchar” por su vida; como en tiempos de los Césares, los gladiadores luchaban por sus vidas en la arena del Coliseo Romano, a veces con un frágil palo de madera en sus manos, enfrentando a sendos guerreros armados, habituados a matar.
 
Hasta ese momento yo pensaba que la vida era algo que me sucedía, que no tenía ningún control sobre las circunstancias, porque no podía cambiar el mundo y ponerlo a mi favor. Por mucho que “luchara”, las posibilidades de perder siempre se veían más grandes y cercanas.
 
Después de descubrir que mi vida y mis resultados dependían enteramente de mí, lo más difícil fue dejar la batalla, concentrarme en mí crecimiento y poner en práctica aquel cliché “no me digas cuán grande es tu problema, sino dile a tu problema cuán grande eres tú”.
 
Recuerdo al niño de nueve años que soñaba convertirse en un hombre sabio y valiente. Estaba sentado sobre unos árboles cortados en un asentamiento campesino, era hijo de un campesino sin tierra (en lenguaje paraguayo), sin estudio, pero trabajador y sumamente optimista con el futuro de sus hijos.
Ese niño soñaba con cosas grandes, soñaba inscribir su nombre en páginas de gloria, sacudir la historia, construir un mundo inexistente aun, crear algo que ya, con solo imaginar la posibilidad, le producía alegría en su corazón, sin siquiera tener idea de lo que podría ser, solo sabía que podría crear algo grande, bueno para él y sus amados.
 

¿Cómo pudo ese niño prodigio convertirse en ese pesimista, resentido, frustrado y bastante amargado ser humano, criticando y despotricando contra el mundo, que le describí arriba? No saben lo feo que huele en el alma el cadáver de los sueños rotos, pudriéndose en medio de la impotencia y la desdicha.

 
El niño soñador ha vuelto. Hoy está feliz aquí en tu compañía. Después de recorrer un largo camino hacia el interior de sí mismo, ha vuelto a casa.
 
Quiero contarte de las maravillas que llevamos dentro, pero que han quedado olvidados por andar por la vida “luchando”, tratando de ganar a otro lo que ya tenemos dentro, en abundancia.
 
Yo soy prosperando, es un testimonio de vida. En este espacio compartiré contigo los principios que me han revolucionado la vida, transformando mi mentalidad, de una mentalidad de escasez y tristeza a una mentalidad de abundancia  y dicha. Quiero que seas testigo y parte de esta evolución, que apenas inicia. Ojo, no soy un gurú, soy apena un estudiante fascinado con lo que va aprendiendo, deseosos de compartir contigo y aprender juntos. Lo que te puedo ofrecer es el testimonio de transformar “la oruga en mariposa”; de qué manera podemos soñar, matar el sueño y morir con él, y volver a soñar para resucitar e ir en pos del sueño para conquistarlo y burlar la muerte para siempre.
 
Escribir siempre fue mi sueño, lo he intentado un par de veces. Pero este día, 30 de junio de 2015 es diferente. Es el día de mi cumpleaños, la energía creadora que me vio nacer está conmigo. Hoy asumo el compromiso de plasmar en este blog todo lo que pude leer, escuchar, compartir, investigar, ver, reflexionar y concluir acerca de los principios de la riqueza y la felicidad. Si tú también estás dispuesto a crecer por dentro, descubrir y brindar al mundo lo que eres, sentirás brotar en tu mente la idea de estar prosperando y no querrás soltarlo nunca más.
 
El título del blog te podría resultar curioso, a lo mejor sonaría más lógico “estoy progresando” o “yo soy millonario”, “yo soy prosperidad” tal vez. Pero es así como está que quise ponerlo. Tengo mucho que decir sobre esta frase, “yo soy prosperando”, y lo voy a ir diciendo más adelante. Pero, de entrada, déjame decirlo así: la prosperidad en mi vida radica en lo que yo soy. Lo que yo soy genera en mi vida las oportunidades para manifestar la riqueza; de la misma manera que la pobreza es resultado de lo que yo soy, o lo que yo creo que soy, con la mente condicionada por el pasado.
Espero que estés a mi lado semana tras semana. Juntos iremos rompiendo las ataduras mentales que no nos permiten expresar lo que somos en su verdadera grandeza. Y miraremos en mundo de allí afuera con nuevos ojos, podremos ver las infinitas oportunidades que ofrece el mundo en que vivimos y elegir aquella que mejor se adecua a lo que nos hace feliz. 
 
El siglo XXI es una panacea para la dicha y la prosperidad. 
 
Yo estoy listo para aprovechar
 
 ¿Estás listo tú?
Milciades Villalba Santos

Milciades Villalba Santos

Autor

Empresario de Networt Marketing, bloguero, orador, coach y educador de emprendedores.

Este blog es resultado de dos cosas: El sueño de ser un escritor, y la tranformación que supone en mi vida convertirme en empresario del Siglo XXI.

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El secreto está en la palanca

Los seres humanos somos sumamente torpes para sacar una lección de las cosas sencillas que nos tocan vivir. Eso es una manera elegante de decir cuan idiotas somos verdaderamente frente a las leyes básicas de la naturaleza y la vida. 

Me remito a algunos ejemplos. Un joven matemático estaba sentado bajo un manzano, hasta que una fruta cayó por su cabeza y le despertó de su idiotez; el joven formuló unas preguntas ¿Por qué esta fruta cae? ¿Acaso la tierra lo atrae? ¿Por qué todas las cosas se precipitan hacia la tierra? Al pendejo ese, hoy en día se lo conoce como el científico más importante de la modernidad, Isaac Newton, que con una sencilla pregunta de la vida cotidiana logró descubrir la ley de la gravitación universal. Es una teoría bastante compleja, pero estaba escondida tras un hecho sencillo, como ocurre con cualquier otra ley de la naturaleza y la vida.
Otro ejemplo. En estos días observaba un niño de dos años jugando entre unos escombros y pedazos de madera, restos sobrantes de una casa recién construida. Esa pequeña criatura trataba de mover una piedra bastante pesada para su fuerza. Oh sorpresa!!! El pequeñín agarró un palo de madera de un metro, lo colocó de bajo de la piedra más grande y apoyando la madera en otra piedra más pequeña, jaló y logro moverlo con una facilidad y una alegría increíble.
El niño siguió jugando alegremente y yo le regalé un chocolate; pero en realidad se merecía un Premio Nobel. El pequeño campeón aplicó una ley que le da más de dos mil quinientos años de fama a otro matemático, llamado Arquímedes, quien había acuñado la frase “denme una palanca y un punto de apoyo y yo moveré el mundo”.
Yo me pregunto ¿Debo hacerme matemático e inaugurar mi cerebro o vaciar mi mente de cuantas estupideces me metí y ponerme a jugar como niño?
Pero volvamos a la ley de la palanca formulada por Arquímedes, “denme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo”. La idea de la palanca es tan sencilla que cualquiera lo entiende, pero muy pocos son capaces de aplicarlo a su vida. Sinceramente creo, con Arquímedes, que aplicando la palanca podemos mover el mundo, transformarlo y convertirlo en un logar de gozos y realizaciones donde podamos divertirnos alegremente a la manera más humana, a la manera de los niños.

Así como el niño de mi ejemplo, en nuestras vidas existen piedras, que normalmente le llamamos problemas, que son muy grandes para nuestra fuerza. 

Pero como nos demostró nuestro pequeño campeón, el problema no radica en el tamaño de las piedras, sino en nuestras limitaciones personales; limitaciones que podemos subsanar de una manera sencilla y alegre aplicando la ley de la palanca. Qué mundo más bello podemos construir si en vez de darnos “palo” unos a otros, compitiendo, promoviendo un individualismo grosero, nos apalancáramos para superar nuestras limitaciones y construir cooperativamente.
¿De qué tipo de limitaciones (piedras) hablamos? Consideremos que respecto a la vida financiera, la piedra que queremos mover sería el logro de la libertad financiera, suficiente tiempo y dinero para realizar nuestras más profundas aspiraciones en la vida, esto es lograr un nivel de vida de calidad. En la economía que nos toca vivir, nos enfrentamos a varios limitantes, entre los cuales podemos citar: limitaciones de tiempo, considerando que disponemos ocho horas por día para producir; limitante de espacio, porque no podemos hacer dos cosas al mismo tiempo o estar en varios lugares al mismo tiempo para poder producir más; limitante intelectual, porque no podemos saber todo y eso nos puede jugar en contra económicamente, así como en otros ámbitos de la vida; y la limitante  motivacional, porque no siempre estamos con  el ánimo al cien por cien para mantener el entusiasmo necesario para el logro de nuestros propósitos. Dependiendo de estos limitantes, la productividad es fluctuante y la libertad financiera incierta.

Frente a estas limitaciones, que hacen que la piedra de la libertad financiera sea tan pesada, necesitamos fundamentalmente hacer uso de dos palancas: El apalancamiento humano, y el apalancamiento financiero.

EL apalancamiento humano consiste en apoyarnos en otras personas para poder superar las limitaciones del tiempo, del conocimiento y la motivación. Multiplicar nuestro tiempo, con el tiempo de los demás, complementarnos intelectualmente y por sobre todo, que la productividad no se vea afectada por los altibajos emocionales que podamos experimentar. Esto es lo que normalmente hacen los empresarios, que eligen las mejores personas para ponerlos al frente de sus empresas y se aseguran que todos los empleados cumplan cabalmente sus tareas. Para ello se preparan como líderes, para manejar a las personas y crean un sistema donde todos puedan funcionar coordinadamente para el logro de las metas empresariales. 
Mirándolo desde este punto de vista pareciera que para los empresarios las demás personas son meras piezas útiles para ellos lograr sus metas y sus sueños (y en muchos casos es así en realidad). Pero normalmente las personas en su plena libertad se preparan media vida y aceptan gustosamente trabajar el resto de sus vidas para el querido “patrón” y son felices de esa manera. Sin embargo, este modelo empresarial ha ido evolucionando y dando lugar a otros sistemas empresariales que nivelan el campo de juego, facilitando la igualdad de oportunidades entre las personas, democratizando la riqueza mediante una distribución más equitativa de los beneficios. Este tipo de empresas enfatizan el trabajo en equipo y la cooperación entre las personas, que trabajan juntas, se motivan mutuamente, se complementan y logran objetivos comunes para beneficios comunes. Es un fenómeno propio del siglo XXI las grandes alianzas entre empresas; se impone así mismo que las personas aprendamos a trabajar en alianza y complementarnos en un sistema empresarial cooperativo.
El apalancamiento financiero sigue la misma lógica, resumida magistralmente por el multimillonario Warren Edward Buffett quien afirma “prefiero el 1% del esfuerzo de 100, que el 100% del esfuerzo de 1”. Por eso los empresarios crean sistemas y contratan personas para que trabajen para ellos, mientras que la gente pobre depende únicamente de su propio esfuerzo personal, esto es el 100% de una sola persona. Cuando los empresarios logran que un sistema trabaje para ellos, independientemente a que ellos tengan que estar presente o no, están libres para dedicarse a las cosas que aman, y como tienen suficiente ingreso apartan un porcentaje para invertir y hacer que su dinero también trabaje para ellos, y no ellos por el dinero.
Apuesto a que nadie escucho cosas parecidas en la escuela y mucho menos recibió instrucción alguna para empezar a construir un sistema de negocio que le pueda generar ingreso incluso en su ausencia. Lo único que aprendimos en la escuela y en la casa es a trabajar por el dinero, hasta que los hijos o el gobierno nos puedan mantener.

Y pensar que este principio tan sencillo lo puede descubrir un niño de dos años, y por si acaso un científico matemático nos dejó como ley científica desde hace más de dos mil quinientos años. 

Si Arquímedes nos puede observar desde algún sitio del universo estará pensado que en vez de palanca nos hubiese dado “garrote”, a ver si despertamos de nuestro letargo y aprendamos a vivir como seres inteligentes.

A esta altura de la reflexión ya no sé si soy más idiota o más estúpido. Creo que muchas personas habrán pensado lo mismo de Arquímedes cuando dijo que podría mover el mundo, y de Newton cuando se preguntaba por qué cae una manzana. Ya no sé cuál de todos, pero justamente uno de esos grandes científicos ya había dicho que la “la estupidez humana no tiene límites”. Una cosa sí tengo claro, si hay manera de vivir mejor haciendo las cosas más inteligentemente, vale la pena averiguarlo; y por supuesto, al encontrarlo, al menos hacer el intento de cambiar, porque la síntesis de la estupidez es “seguir haciendo lo mismo esperando resultados diferentes”.

Invierte en tu Educación; Ser humano es tu responsabilidad

Una opinión muy común entre los filósofos de la educación es que ésta consiste en un “proceso que permite el desarrollo pleno de las potencialidades humanas”. Otros la definen directamente como “proceso de humanización”, considerando la humanidad misma de la persona como una tarea a ser construida socialmente.
No está en mi ánimo filosofar respecto al concepto de la educación, ni plantear problemas antropológicos.  Más bien, quiero basarme en esas concepciones clásicas de la educación para tratar de analizar nuestra realidad educativa.
Me gustan estas ideas por tres motivos. Primero, porque creo que el ser humano es infinito y su perfeccionamiento es constante; es decir, nuestra naturaleza más plena es cambiar y crecer. Segundo, porque el término educación está tomado en su máxima extensión, incluyendo el proceso que vivimos desde el nacimiento hasta nuestra muerte y no sólo el proceso escolar. Y, tercero, porque las potencialidades humanas incluyen cualidades físicas, psíquicas, intelectuales y espirituales; es decir, los planos invisibles (espíritu, pensamientos, emociones) y el plano visible (físico).
Es muy común en la actualidad escuchar el sabio consejo “invierte en tu educación”. Pero en la mayoría de las veces como sticker publicitario de algún comerciante de carreras universitarias. Quizá por este motivo, cuando se menciona la palabra educación, automáticamente la gente piensa en dinero y en lo “caro” que es hoy en día estudiar. Y si se trata de alguien que no está en condiciones de pagar una colegiatura, sencillamente renuncia a su “educación” y siente desvanecerse su autoestima bajo el estigma “si no tienes estudios no eres nadie”. Qué mal ha hecho a las personas el comercio educativo y la certificación oficial (el famoso RECONOCIDO POR EL MEC) que discrimina a las personas entre los que saben y los burros de dos patas, entre los que pueden encontrar un empleo digno, y los que deben resignarse con lo que “le toca”.
En la actividad a que me dedico, a menudo invito a las personas a participar de talleres y seminarios educativos de primer nivel, algunos de jerarquía internacional, gratis o casi gratis. Y le veo el cerebro de cucaracha a la persona que pone su “cara de menso” y me pregunta  – ¿y se va expedir certificadooooo…? Automáticamente le digo, – yo te aviso. Pero después, a la media hora le envió un mensaje diciéndole – que pena por ti, se expide certificado pero ya no hay lugar, porque me da la certeza de que se trata de una persona de esas que acumulan títulos comprados, con exámenes fraudulentos, trabajos plagiados, sin importarle en lo mínimo el conocimiento sino el cellito, y convertirse en un seudo-profesional mediocre con mentalidad de peón acomodado. Ya lo dijo el sabio “no deje que tu currículo sea la única prueba de tu educación”.

En el siglo XXI, en  la era de la información y el conocimiento, la falta de educación es simplemente una falta de responsabilidad

Estamos a un toque de distancia de todo el cúmulo de conocimiento que se genera segundo a segundo a nivel mundial, e independientemente a la edad, sexo, religión, nivel cultural y económico, podemos convertirnos en discípulo de los máximos maestros del pasado y del presente de la humanidad, sea en el arte, la ciencia, la tecnología, los negocios, la espiritualidad, la psicología, y cualquier campo de conocimiento que nos pueda interesar. La verdadera educación, la que en verdad sirve para lograr la excelencia en los distintos quehaceres humanos está totalmente al alcance de cualquier persona que quisiera aprovechar, pero la mayoría no se da cuenta porque se encuentra sesgado por el paradigma tradicional de lograr un título y buscar un empleo, paradigma sostenido por la burocracia gubernamental para beneficio del negocio de los amigos, dueños de universidades, que venden títulos, pero con una formación arcaica, que en su mayoría no tiene campo de aplicación en la nueva economía y las mega tendencias del siglo XXI.
La historia se repite, y así como los países que hoy en día se encuentran en vía de desarrollo son aquellos que llegaron tarde a la era industrial, o nunca salieron de la era agrícola (dependientes de la producción de la tierra como es el caso de nuestro país), así también, los países que hoy se atrasan en ingresar a la era de la información (informática) y el conocimiento, seguirán siendo el patio trasero del mundo. Es por esta razón que el título de estas reflexiones invita a que cada uno asuma la responsabilidad de su propia educación, atendiendo a que la clase política paraguaya y el sistema educativo vigente están año luz de distancia de lo que uno necesita aprender para ser protagonistas de nuestra propia era y aprovechar la abundancia de oportunidades que nos ofrece la nueva economía.
No podemos llamarnos seres humanos si no somos seres libres, y ser libre implica fundamentalmente asumir responsabilidad. Esta es la falla que debemos superar en nuestra sociedad: el problema principal del proceso educativo, más allá de la formación intelectual, es la formación actitudinal, que incluye el conocimiento pero fundamentalmente depende de la base emocional y espiritual.
Cuando la educación desconoce las cuatro dimensiones de la persona, atendiendo solamente a la dimensión intelectual, en vez de liberar a la persona, lo aliena. Porque coarta gran parte de la potencialidad creativa del ser humano; es decir, la capacidad de crear aplicando la imaginación, la fe y los poderes inherentes al espíritu humano. Es imposible lograr el progreso sin ese poder creativo, cuando la realidad nos demuestra que es la creatividad y la capacidad de liderar los procesos de cambio lo que hoy en día logra imponerse en el mundo, como por ejemplo los gigantes de internet, Google, Facebook, Twiter, Youtube, Amason, ivoox, Wikipedia, Microsoft y otros tantos que están marcando estilos y tendencias, más allá de instituciones milenarias que han dominado por siglos el mundo entero. Lo único que necesitaron estas empresas fue una combinación de imaginación creativa, visión, fe, y la pasión resultante; cualidades que no se observan en el proceso educativo a que estamos acostumbrados.
Cuándo vamos a educarnos para ser dueños de nuestro destino, asumir la responsabilidad sobre nuestras propias vidas y construir creativamente un plan que podamos poner en práctica, y no seguir siendo parte del plan de unas pocas personas que se enriquecen a costa de la mayoría.
Cuándo vamos a asumir nuestra naturaleza espiritual de hombres libres, y liberarnos del enredo emocional en que vivimos a causa del temor que se apodera de nuestras vidas, simplemente porque fuimos educados bajo amenazas y ya no somos capaces de enfrentar el riesgo a equivocarnos, a cambiar, a hacer las cosas diferente, a necesitar siempre alguien que nos diga lo que tenemos que hacer para echarle la culpa si algo sale mal porque no somos capaces de asumir nuestra responsabilidad.
Cuándo vamos a fortalecer nuestro autoestima como para reconocer y valorar nuestras cualidades, valorar y aplaudir los talentos de nuestros compatriotas encima de los talentos foráneos y saber promocionarnos a nosotros mismos con valentía. Sobre todo, saber valorar y apoyar a los líderes que buscan hacer la diferencia, en vez de pagarle con desconfianza e indiferencia.

Educarnos para SER humano, es educarnos para ser personas libres, responsables sobre nuestras propias vidas. Ser libre implica fundamentalmente hacernos cargo de nuestras emociones, dominarlos y orientarlos conforme a un propósito de vida que al realizarlo podamos dejar un legado a nuestros hijos, algo por lo que se sientan orgulloso por nosotros. Educarnos para ser libre implica salir de la monotonía de vida de la gran mayoría, rosando todos los días la mediocridad y la falta de sentido. Nadie quiere ser parte del montón, pero muy poco asume el objetivo de ser diferente y se educa para lograr hacer la diferencia. Si no deseas seguir siendo del montón, edúcate para hacer la diferencia, hazte cargo de tu educación, ser humano es tu responsabilidad!!!

No persigas el dinero, persigue tus sueños!

No persigas la riqueza, persigue tus sueños!!!

Perseguir  la riqueza es un error fundamental, un absurdo, pues toda la abundancia del universo te pertenece y está  a tu disposición para cumplir con el fin para la cual has nacido.

Perseguir la riqueza es como construir una trinchera en medio del camino con la intención de sentirse dueño del camino, y no avanzar por él a causa del miedo a perderlo o que otros transiten por él. No!!! Por favor!!! Disfruta del camino, pero sin detenerte, sin apegos, dejando que otros caminen a tu lado, disfruta de su compañía generosamente; al final del camino está la gloria.

Hay suficiente riqueza para todos; de lo que se trata es de compartirlo generosamente con otros, disfrutarlo felizmente, distribuyéndolo sin apegos.
No persigas la riqueza, sino empléala para desarrollar el propósito para lo cual fuiste creado.

Cuando uno va en pos de este propósito siente que el universo conspira a su favor, las bendiciones se multiplican antes sus ojos, desaparecen los miedos y los apegos, fluyendo simplemente con “el latido vital de los siglos, que en ese momento danza en su sangre”, el mismo principio que conduce a todo modo de vida a más vida y mejores condiciones de vida.

La humanidad ha creado conocimientos y tecnologías sofisticadas para mejorar cada día nuestras condiciones de vida, sin embargo, el apego a las cosas creadas, el afán de dominio inherente a la conciencia de la escasez, el sentimiento de carencia, le ha impedido al hombre descubrir el propósito de tanta abundancia, llegando a confundir los medios con los fines. La única importancia del dinero “poder hacer con él las cosas que el dinero no puede comprar”, como el ayudar a otros, desarrollar nuestras potencialidades, disfrutar de nuestro tiempo, cuidar la naturaleza, amar.

Nadie puede ser verdaderamente rico si primero no descubre con qué propósito; para qué quiere riqueza. Pues, la riqueza por la riqueza, el acumular por acumular, es tan alienante como la pobreza.

La ignorancia del propósito constituye un obstáculo común, generalmente insuperable para la mayoría de las personas que persiguiendo la riqueza se han perdido a sí mismas.

La providencia acompaña a todo aquel que fluye con la vida, que ha encontrado el propósito de su existencia y toma la decisión de hacer germinar la semilla de grandeza sembrada en el corazón en forma de sueños.

En el interior de cada hombre existe una fuerza poderosa, como el magma de un volcán, en ocasiones permanece dormido y hasta olvidado, pero en algún momento, desde las profundidades del ser, aflora en la superficie de la conciencia y sacude la existencia entera.

Las crisis existenciales no son sino los llamados incesantes de la fuente divina a replantear la vida sobre el propósito. Los derrumbes existenciales son siempre oportunidades de volver a construir sobre “cimiento de roca”, las crisis son sinónimos de oportunidad.

Tú serás muy feliz con la casa de tu sueños, el auto de tu sueño, el viaje de tu sueño… pero solamente si en el proceso de conseguir esas expresiones externa de la riqueza haz descubierto el propósito de tu vida, la razón fundamental que da sentido a todo.

El árbol no nace para apoderarse de un pedazo de tierra, sino para crecer todo lo posible y dar sombra y oxígeno sin pedir nada a cambio.

Tu felicidad no nace en lo que tienes, sino en lo que eres; no tendrás felicidad, más que eso, serás feliz.

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